martes, 23 de diciembre de 2008

LAS RAÍCES PREHISTÓRICAS DE LA CULTURA CASTREÑA DE GALICIA

La adopción de elementos romanos por una cultura, lleva consigo un proceso de integración en el cual, si los medios, su aplicación, su firmeza y continuidad son importantes, lo que es más definitivo será el ambiente geográfico, el desarrollo técnico alcanzado y en definitiva la cultura en si, sobre la cual se aplica dicho proceso.
La cultura castreña aunque posee una cronología que la hace durar unos mil años, no se puede englobar en un bloque, en donde la unidad sea la base. Por sus fases de expansión y diversos períodos que la engloban, hacen que esto no pueda ser así. Aún tomando como una unidad a la cultura castreña, analizando su «nacimiento» o los diferentes períodos por los cuales trascurrirá la prehistoria gallega, hasta alcanzar dicha etapa, se puede observar la diversidad de estímulos y la complejidad de sus interrelaciones dentro y fuera del ámbito gallego.
Para estudiar el proceso prehistórico, anterior al desarrollo definitivo de la cultura castreña y su posterior fase de romanización, poseemos un estudio ejemplar realizado por el arqueólogo J. Maluquer de Motes, que bajo el titulo de «El Mundo indígena del Noroeste Hispánico antes de la llegada romana» fue presentado en el Coloquio Internacional sobre el Bimilenario de Lugo, celebrado en dicha ciudad en 1977 (posteriormente se incluyó en las Actas del citado Congreso, pp. 7 y ss). De forma resumida y sintética expondremos las características básicas que presenta Galicia en dicha época, siguiendo al mencionado autor.
El análisis de dicho proceso prehistórico valora los siguientes puntos:
—Estudio de la diferencia de marco geográfico con relación a culturas vecinas y/o en contacto.
—Importancia del factor climático y fisiológico.
—Circunstancias y posibilidades de circulación de las diferentes corrientes culturales, así como sus consecuencias.
Entre el 2.500 al 500 a. de J.C. se produce un cambio climático que afectará al Occidente y Centro hispánico. Dará origen a una deforestación y un descubrimiento natural de la riqueza minera. Las costas atlánticas, por su humedad, tendrán una población alta, existiendo una emigración fuerte hacia esta zona. En este período se desarrolla la denominada cultura megalítica sobre una base autóctona (desarrollo de las formas neolíticas) que por ósmosis acoge el megalitismo. Este elemento base está organizado en clanes. Por las razones climáticas y de deforestación consiguiente hay una circulación abundante desde la Meseta hacia Galicia. Este grupo de la Meseta, que se fecha hacia el 2.000 a J., posee una organización señorial, autosuficiente. Es la llamada cultura del Vaso Campaniforme. Existe una concentración del poder (en los caudillos), siendo nómadas con una economía pastoril. Desarrollan la minería del oro y el uso de las joyas posee un valor jerárquico.
Tenemos pues la conjunción, en nuestro NO, de dos culturas de diferente organización, siendo una fija y la otra móvil. La cultura del Vaso Campaniforme está muy bien documentada en Galicia por los hallazgos arqueológicos ( As Pontes de García Rodríguez, Tecedeiras,...), pero el problema se plantea, como en épocas posteriores, sobre la procedencia de determinados objetos que no se sabrá con certeza si son traídos por gentes de fuera o si son incorporados por la cultura autóctona en un proceso de vuelta a su hogar de origen.
Paralelo al desarrollo de la cultura del Vaso Campaniforme, que lleva consigo un desarrollo de la minería, aparecerá cada vez más marcada la concentración de poder. Se producirá una dualidad entre este tipo de concentración de poder de tipo señorial, autosuficiente y de comunidades nómadas (por ejemplo, la citada, la cultura del Vaso campaniforme) y el otro tipo, que concentrará el poder en jefaturas que darán lugar más tarde a conocidas monarquías clásicas (por ejemplo la cultura tartésica). Estos dos elementos entran en contacto en el NO. por diferentes caminos posibles: Meseta, Cantábrico y ruta marítimo. Como vimos, por la Mesetas, hacia el 2000 a. de J.C. al producirse el cambio de clima, que lleva a una deforestación y a la creación de un foco minero importante en el NO. peninsular. La tipología de lo producido en este período es muy bien conocida pero no así la actividad minera que va unida al grupo autóctono o es una realización de los procedentes de la Meseta; así como sería interesante interrogarse sobre si dicha explotación minera va unida a una casta determinada o es patrimonio de un grupo humano en concreto. La clave a estas preguntas pueden resolverse fijándonos en la comercialización del producto obtenido por esa actividad minera. Es aquí cuando llegamos a la comunicación por la ví marítima. La creación de un foco metalúrgico no desarrolla por sí mismo una cultura concreta, si no se comercializa el producto obtenido y se adquiere intercambios. Hasta el 1.000 a. de Jesucristo no se posee ese mercado. Hacia esta fecha el área mediterránea (púnicos, tartesinos...) irán a la búsqueda del metal y se pondrán en contacto con las zonas de producción minera. Antes de producirse el cambio climático siguiente y decisivo (500 a. de J.C), la demanda de producto, desborda la producción y se colonizarán las zonas marítimas de forma extraordinaria (por ejemplo, las Rías Baixas gallegas). Teniendo pues que la cultura «precastreña» posee una economía que depende de la comercialización hacia el Sur, recortándose la influencia de la Meseta.
Hacia el 500 a. de J.C, se produce un nuevo cambio climático, por el cual se produce la interrupción del proceso de deforestación y aparece el arbolado intenso en nuestra zona. También desaparece el «mundo tartésico» y tenemos un foco minero abundante pero sin mercado de salida. Coincide con esto, la aparición de una nueva metalurgia, la del hierro. Ante esto, esta cultura «precastreña» o si queremos la castreña más arcaica, se decidirá a comercializar por si misma el excedente producido y almacenado. Entre los siglos VII y VI a. de J.C se emprenderán rutas hacia el Norte, zona astur, Pirineos occidentales y la parte Sur de Francia (Bajo Sena). Esto llevará al contacto con la cultura de La Tene en sus inicios, incorporando elementos característicos de dicha cultura a la castreña. Esta salida comercial hacia fuera y de regreso, explicaría la aparición de diversos objetos de diferentes culturas y sus posibles vías de comunicación.
Hasta aquí una hipótesis de trabajo referente a nuestra prehistoria y el proceso de integración de elementos foráneos, que en unión con lo autóctono, darán como resultado la denominada CULTURA CASTREÑA, tan arraigada aún en nuestras costumbres y paisajes.
Sin embargo, podemos señalar algunas circunstancias a tener en cuenta paralelas al cuadro anteriormente señalado:
—En base a las investigaciones últimamente realizadas, se puede probar la importancia de la vía marítima, que nos arroja interesantes hallazgos: materiales púnicos, griegos... que llegarían a nuestras costas por un intercambio, que posiblemente llevarían a cabo grupos no autóctonos, pues poseían medios de navegación más perfeccionados y seguros.
—Corrabora el anterior punto, el no haber encontrado materiales castreños propiamente dichos en el Sur de la Península y otros puntos que se dan como centros de relación comercial.
—Por último señalar que también existe una economía agrícola-ganadera importante que tuvo que jugar asimismo un papel de cierto interés (sobre todo en la cultura megalítica) que no ha sido hasta la actualidad bien analizado, limitándose los planteamientos al factor minero metalúrgico.
Nota.- En la imagen que ilustra este breve comentario, tenemos uno de los elementos de la orfebrería castreña, que más va a definir a este cultura. En él, podemos ver tanto influencias centroeuropeas como mediterráneas, que va a ser la característica que predomina en esta sociedad.