jueves, 11 de diciembre de 2008

SOBRE LA ARQUEOLOGÍA ( y II )

El fruto que se espera con la prospección es el hallazgo de yacimientos, cuando se lle­ga a esté punto y se quiere seguir ampliando los conoci­mientos el siguiente paso es la excavación.

No todos los yacimientos lo­calizados son excavados, si­no aquellos que más intere­sen debido a su riqueza, a su edad o la rareza de los mismos.

La excavación

La excavación supone un trabajo delicado y difícil. Una excavación sólo puede reali­zarse una vez, el arqueólogo destruye parte o todo el yaci­miento con el fin de investigar­lo, así que debe extraer el mayor número de datos de su labor, anotando minuciosa­mente todos aquellos datos que la excavación le propor­ciona, ya que este registro de datos debería permitir poste­riormente recomponer en el laboratorio el yacimiento.

Antes de iniciar la excava­ción se procede a cuadricular la zona, para ayudar a regis­trar los datos, ya que todo res­to hallado se sitúa tomando las coordenadas horizontales (X y Y) y la vertical (Z), y al mismo tiempo para llevar un orden y tomar todo tipo de referencias.

Luego se procede al levan­tamiento de las capas de tie­rra, con ayuda de las herra­mientas adecuadas, extrayen­do los objetos en un orden, determinado por las diferen­tes capas de tierra (las cuales se denominan niveles o estra­tos), ya que cada capa es dis­tinta en composición y color. Este método se denomina Es­tratigrafía, y se basa en que las capas inferiores son ante­riores a las superiores, y que cada capa contiene restos de un mismo período.

Es, de esta manera, como podemos saber la antigüedad relativa de unos objetos con respecto a otros.

Los objetos hallados se pro­ceden a limpiar, inventariar y dibujar para su posterior estu­dio. Así mismo, se realizan di­bujos y fotografías de los objetos "in situ", también de las estructuras halladas y de todos los cortes estratigráficos de la zona.

En este proceso, que cons­tituye la excavación de un ya­cimiento arqueológico, no só­lo se recogen los objetos de industrias pasadas, sino tam­bién todo resto de deshechos alimenticios, carbones, mues­tras de tierra,... que se toma­rán con determinadas precau­ciones (medidas de higiene y asepsia), que luego nos per­mitirán datar el nivel de que han sido extraídos o averiguar otros datos como son el clima, fauna, o vegetación de la época.

Ciencias auxiliares

Una vez realizada la exca­vación y tomadas las mues­tras y objetos, estos se distri­buyen entre los diferentes es­pecialistas en cada materia, de esta labor interdisciplicar saldrá la reconstrucción de la vida en el pasado.

Los restos de tierra toma­dos son investigados a fin de estudiar los pólenes fósiles que se hallan en los mismos (ciencia de la Palinología), es­tos pólenes, mediante la reali­zación de un espectro políni­co, facilitarán la información del entorno vegetal en que se desenvolvía el hombre; y de estudiar la composición de esas tierras que también per­mitirán extraer datos del am­biente climático y aproxima­ciones cronológicas (ciencia de la Sedimentología).

De los restos de Huesos de animales se encarga el pa­leontólogo (ciencia de la Pa­leontología). Con este estudio podemos saber que animales son los que cazaba la pobla­ción y lo que comía, que tipo de fauna había y el tipo de clima, su territorio de caza

(bosque, pradera,...), si el ani­mal era doméstico o no, etc.

Los restos humanos los es­tudia el antropólogo (ciencia de la Antropología Física). A través de estos hallazgos puede llegar a averiguar el ti­po humano que habitaba el lugar, asi como el sexo, la edad, enfermedades que pa­decían...

Al laboratorio

Los restos de carbones se envían a un laboratorio donde medirán la cantidad de C-14 (Carbono 14) que aún tienen, y así averiguan la edad de la muestra. Este método no sólo se aplica a restos de carbo­nes, sino también huesos, conchas,... es decir cualquier materia orgánica. Se basa en que un isótopo radiactivo, de­nominado C-14 (Carbono 14), es asimilado por las plantas, mediante la fotosíntesis, de la atmósfera.

Los demás seres vivos lo adquirirán al alimentarse di­recta o indirectamente de las plantas. Cuando el ser vivo se muere, o se corta la planta, deja de recibir C-14 del me­dio, y el que tenía va despare­ciendo lentamente, esta de­sintegración del C-14 va a un ritmo medible, y analizando el C-14 que queda en los restos de un ser vivo podemos saber cuando murió. Este método es válido hasta los cincuenta mil años, aproximadamente, en que ya no queda nada de C-14, así que está siempre limi­tada su aplicación a muestras cuya antigüedad sea menor de esas cifras mencionadas.

Hay también otros métodos de datación del pasado, que sólo enumeraremos, como son: la dendrocronología, o análisis de los anillos de creci­miento de los árboles; método de potasio-argón, se mide la cantidad de restos de potasio que queda en la materia y permite datar cuerpos más antiguos que el C-14; de

Fluor;... etc.

También se pueden hacer análisis químicos y geoquími­cos de los suelos, que viendo la composición orgánica de los mismos se puede saber la aportación humana,...

La Etnología, o estudio de comunidades de régimen de vida primitivo, también nos puede ofrecer importantes modelos de interpretación de los materiales que hallamos en cada uno de los yacimien­tos estudiados.

Reconstruir

El arqueólogo con los datos que le facilitan todas estas in­vestigaciones, y con los datos que él mismo extrae de los objetos (su tipología, uso, téc­nica,...) y de la propia excava­ción (estratigrafía, situación de los restos,...), realiza un es­tudio de conjunto, e interpreta a continuación el yacimiento haciendo una reconstrucción del mismo.

Nota.- Vista de un momento en una excavación de un castro